martes, 12 de octubre de 2010

Trasplante de corazón.

No me dejas escribirte...
porque me aturdes con tu mirada
y mi vocabulario se nubla.
Se estanca en el recuerdo de tus ojos,
desviándose a instantes por tu cuerpo,
perdiéndose en el contorno de tus labios,
...subiendo hasta el tacto de tu pelo.

No puedo escribirte porque los nervios y la sonrisa
me desorientan el pulso de la mano,
bloquean la sinapsis de mis neuronas
y empujan mis pulmones contra mi pecho a un ritmo malsano.

¿Será infeccioso pensar en ti?
Esta bipolaridad de alegría y distancia me trae de psiquiatra;
y éste me recomienda un lavado de cerebro,
aunque yo creo que lo más acertado sería un trasplante de corazón.

Del tuyo por el mío.
Como cura, me vendría bien latir en tu cuerpo,
y teniendo en cuenta que al mío le falta tu corazón
sería un intercambio perfecto.

A cambio,
armonizaré el bombardeo de tu sangre,
y la mía, mezcla de sueños y de presente,
nunca envejecerá tu corazón.

No...en realidad se trata de un futuro sin garantías.
Delirante
pero bonito.
Qué importa que sea efímero;
¿acaso no se vive de momentos finitos?

Si tu boca se detuviese un segundo en el roce de mis labios...
te las verías duras para disputarme
que teniéndonos a la caricia de un suspiro
el beso sea inevitable.