Quédate con la azucena, con el jazmín,
resérvate el agua de azahar, el color
verde moreno, las luces de abril.
Guárdate con recelo
el deseo de la rosa, el secreto
de su despiadada espina, la ramilla del olivar y
la tez de su fruta jugosa.
No anheles por nadie, que desgajen por envidia
el bailar de tu traje anís.
Que se tomen la molestia
en su muda admiración,
contraste la vajilla de sus miradas
con el eco por despojos a tu caminar por compás.
Quiérete, a ti más que a las gentes,
burdas en su comportamiento,
inevitable por sus pieles tono amargo
gris,
ineludible por tu porte aún a penumbras, lis.
viernes, 18 de marzo de 2011
domingo, 13 de marzo de 2011
La pobre sirvienta.
Siempre la misma cantinela,
se quejaba loca de atar la pobre sirvienta,
que al amor quiso acallar por hacerla
al final marioneta
de unos besos
de un señor que
ni pinta ni a punto
estuvo de aproximarse a caballero,
aún fue un buen profesor
de un eficiente veneno.
Qué antídoto,
el tiempo se desconoce,
que algunos opinan que con clavos
y otros que con bigotes
que la pobre ya no cree
de fe, desarmada,
y siempre la misma cantinela
vuela que vuela,
que al querer cuidado, que el amor
vuela que vuela,
y que el vacío…
no es un vacío, sino una piedra.
se quejaba loca de atar la pobre sirvienta,
que al amor quiso acallar por hacerla
al final marioneta
de unos besos
de un señor que
ni pinta ni a punto
estuvo de aproximarse a caballero,
aún fue un buen profesor
de un eficiente veneno.
Qué antídoto,
el tiempo se desconoce,
que algunos opinan que con clavos
y otros que con bigotes
que la pobre ya no cree
de fe, desarmada,
y siempre la misma cantinela
vuela que vuela,
que al querer cuidado, que el amor
vuela que vuela,
y que el vacío…
no es un vacío, sino una piedra.
Invierno.
¿Cuántos inviernos van?
Desde tu boca hasta tu olvido
de mí.
Dime tú… ¿cuántos cuerpos?
Del rosa palo al negro inconsciente
de mí.
Tu brisa zumba a mis oídos hasta al escozor de mi piel,
y hace inviernos que te has ido.
Y no recuerdo primaveras.
Desde tu boca hasta tu olvido
de mí.
Dime tú… ¿cuántos cuerpos?
Del rosa palo al negro inconsciente
de mí.
Tu brisa zumba a mis oídos hasta al escozor de mi piel,
y hace inviernos que te has ido.
Y no recuerdo primaveras.
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