martes, 19 de junio de 2012

Dientes.

Muerde los dientes
van navegando por el río
de peces inteligentes que nunca dicen nada
y anzuelos que silban.
Cuando pique la caña
tú serás el sumergido
cebo de tu propia locura, que galopa
por prados de un verde que jamás
hubiesen imaginado
los pobres peces que aún intactos sabios
nunca podrán dejar de ir a nado.

La naturaleza tiene sus caprichos
como encerrar en la crisálida
al que siempre fue gusano
y liberarlo mariposa.
La miel de las abejas no es para ellas,
y el ser humano,
que nació sin garras y erecto,
alberga en su interior toda clase de animales
que entre sí se intentan ocultar.
Quien nunca ha sido hombre-lobo,
ni gusano, ni abeja, nunca fue humano.
La misma evolución lo dice:
que antes de ser humanos
tuvimos que ser bestias.

A veces, luces.

Las veces que te mezclo no saben sustentarse en que de verdad no existes, yonquis atrapados en un intento de abstinencia, un ninfómano sin sida sin querer, un desvarío que se dispara y las putas frías que ni te miran al pasar; las voces en mi cerebro que ignoran a mi oído me hacen pensar que soy la única cuerda.

Las luces raras te difuminan cuando es de noche y ya voy borracha;
las ranas croam a lo largo de la laguna,
la puesta (en escena) del sol no se nota entre cuatro paredes oscuras - Cuando recupere la consciencia quizás sea araña -