Siempre la misma cantinela,
se quejaba loca de atar la pobre sirvienta,
que al amor quiso acallar por hacerla
al final marioneta
de unos besos
de un señor que
ni pinta ni a punto
estuvo de aproximarse a caballero,
aún fue un buen profesor
de un eficiente veneno.
Qué antídoto,
el tiempo se desconoce,
que algunos opinan que con clavos
y otros que con bigotes
que la pobre ya no cree
de fe, desarmada,
y siempre la misma cantinela
vuela que vuela,
que al querer cuidado, que el amor
vuela que vuela,
y que el vacío…
no es un vacío, sino una piedra.
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