martes, 10 de mayo de 2011

La propaganda.

Cuentan los que la vieron del aire de sus caderas;
los que no, callan y escuchan.
Del aire de sus caderas, que le bailaba a sus andares:
su tacón derecho sube por esa pierna sedosa y dorada, se posa en la tierra;
su pierna izquierda le devuelve la mirada, mimosa, también dorada, también sedosa.
Que le bailaban a sus andares, y le cantaban las golondrinas, las palomas bravías y hasta una vez, un colibrí,
y sobre sus muslos, jugosos, una falda, siempre al vuelo, siempre al compás.
De espalda infinita y delgada, cabellos color caramelo, que al pasar movía siempre así
perfumando a las flores, callando a las bocas, desviviendo amores.
Cuentan los que la vieron del aire de sus caderas;
los que no, escuchan y suspiran,
sueñan con esa boca de hermoso marfil
sueñan, con ese cuello delicado, esos hombros perfilados, esos senos perfumados y
encima, unos ojos, y qué ojos, qué color, qué azul, qué añil!
Ahora todos callan, todos la anhelan, qué tendrá su piel morena
que con aires de Sur, en escoba, llega,
que ya no es hada, ni es azul, ni es añil. Ni es princesa sin trono.
Efímera y de boca en boca quema, como una luz
a cegarnos de todas, ¡Hasta las más bellas!
A buscarla sin tregua:

Frío. Frío. Frío. ¿Otra oportunidad?
¡Da media vuelta, cierra los ojos y vuelve a buscar!

-¿De verdad? Qué maravilla ¿Tal y como yo la imagino?
-De verdad, tanto que no la encuentro.
-¡Aha…! Creo que me he enamorado amigo.

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