Quédate con la azucena, con el jazmín,
resérvate el agua de azahar, el color
verde moreno, las luces de abril.
Guárdate con recelo
el deseo de la rosa, el secreto
de su despiadada espina, la ramilla del olivar y
la tez de su fruta jugosa.
No anheles por nadie, que desgajen por envidia
el bailar de tu traje anís.
Que se tomen la molestia
en su muda admiración,
contraste la vajilla de sus miradas
con el eco por despojos a tu caminar por compás.
Quiérete, a ti más que a las gentes,
burdas en su comportamiento,
inevitable por sus pieles tono amargo
gris,
ineludible por tu porte aún a penumbras, lis.
Genial.
ResponderEliminarGracias! =)
ResponderEliminarTe recomiendo el libro "Justine" de Lawrence Durrel. Te servirá de inspiración. Es una novela ambientada en Alejandría entre las 2 guerras y destripa como nadie todos los entresijos del amor, de la locura por el amor. Desde luego una persona que lee buena literatura y la digiere bien no le hará falta nunca un psicólogo. Un saludo.
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