viernes, 11 de mayo de 2012

Negro, negro.

Todo sucedió demasiado rápido. Las luces, los colores, el verde chillón y hasta un negro, negro. La música de feria, los duendes que se me burlaban, las mujeres bailando provocadoras, aquel viejo fumando siempre en pipa, cuya bigote confirmaba que efectivamente, vivió en otra época. La noria, siempre dando vueltas, dando vueltas, dando vueltas. Las nubes eran de color de rosa y el cielo amarillo limón, las setas eran del tamaño de árboles, los árboles como arbustos y los arbustos eran de maría. La niña llorando con su globo rojo, sale corriendo tras la mano de su mami y me señala. Entonces me veo ahí. Apoyada en un columpio, con una botella de whisky en la mano, los bolsillos llenos de pastillas y sin poder moverme. Se acerca la niña, y me toma el pulso. Sólo podía ver su lacito rojo y unos ojos azules, que no eran de niña. Viene la madre y juega a columpiarse- duerme, duerme- me hipnotiza su balanceo y otra vez ese negro.

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